miércoles, agosto 05, 2015

OCTUBRE 2015 hora de hacer memoria histórica de las realidades caribeñas

Les comparto una enjudiosa cronologia de históricos hechos que la memoria colectiva desconoce y los que la vivimos la mayoría de las veces olvidamos.... ARMAGEDON....LA CAJA DE PANDORA El próximo mes de octubre se cumplen 54 años de un acontecimiento que llevó a la humanidad lo más cerca que ha estado de su autodestrucción desde el momento mismo de su aparición en el planeta. Entre los muchos males que Pandora liberó al abrir la bendita Caja que recibió como regalo de bodas de Zeus, el flagelo de la guerra ha sido por milenios el más terrible azote de los hombres; pero la eventualidad de una guerra nuclear es sin dudas el más apocalíptico de todos esos males. Por ello, titulé esta Pandora “Armagedón”, palabra de origen griego que significa en términos genéricos un escenario de fin de mundo, pues ello fue exactamente lo que enfrentamos del 16 al 28 del mes de octubre de 1962, en lo que históricamente se conoce como la “Crisis de los Misiles de Cuba”. Antes de entrar en materia, debo acotar que me tocó vivir muy de cerca los acontecimientos que se vivieron aquellos trece días (así los recordaría Robert Kennedy). En efecto, en octubre de 1962, mientras mis padres residían aun en La Habana, yo estudiaba en una escuela ubicada en Leonardtown, pequeño pueblo del sur del Estado de Maryland, distante a 90 millas de Washington D.C. y a tan solo a 14 millas de la entonces más importante base aeronaval de la Armada de los Estados Unidos ubicada en su costa este (NAS Pax River), ambas locaciones objetivos estratégicos primarios de haber estallado en aquel turbulento mes de octubre de 1962 la guerra nuclear. Todavía recuerdo los inútiles simulacros y ejercicios en la escuela que consistían en recogerse bajo el pupitre con la espalda hacia las ventanas, para evitar ser cegados por el temido fulgor nuclear. I GENESIS DE LA CRISIS Evidentemente la crisis de Cuba no comenzó en el mes de octubre de1962. Su origen se ubica en el marco del enfrentamiento de la post guerra entre la URSS y los Estados Unidos, siendo sus causas inmediatas el desastre de Playa Girón en abril de1961, el inicio de la Operación Mangosta en noviembre de 1961, y la activación de una batería de misiles nucleares norteamericanos Júpiter en Turquía en abril de 1962. A escasos meses de finalizada la Segunda Guerra Mundial, en la primavera de 1946, comenzó la que el General George S. Patton llamaría la “guerra verdadera, contra el enemigo verdadero”, quedando a partir de entonces la Europa del Este sometida a la dominación soviética y aislada - producto del entreguismo en Yalta del presidente Roosevelt - por “una cortina de hierro”, como muy descriptivamente lo referiría Winston Churchill en marzo de 1946. La Guerra Civil Griega (1947), disputada entre comunistas y monárquicos, fue el primer conflicto bélico enmarcado en un periodo de la historia moderna que se conocería como la Guerra Fría. Sin embargo, para entonces los Estados Unidos se sentían confiados de su supremacía frente a los soviéticos, pues se sabían la única potencia nuclear, lo cual claramente les daba una ventaja estratégica frente a la URSS. Sin embargo, esa falsa sensación de seguridad poco les duró a los norteamericanos, pues el 23 de septiembre de 1949 la Unión Soviética detonó exitosamente su primer artefacto nuclear. A partir de allí, se nivelaron las apuestas y se calentaría esa Guerra Fría que enfrentaría a occidente con el mundo comunista hasta la misma caída del Muro de Berlín en 1989 y el aparatoso desmoronamiento de la URSS en 1991. A partir de 1950, el enfrentamiento entre los Estados Unidos y Moscú se agudizo con la invasión comunista a Corea del Sur; continuando con las sangrientas represiones ejecutadas por las tropas soviéticas contra las revueltas populares acontecidas en Alemania del Este, Polonia y Hungría entre 1953 y 1956. En 1954 se produjo la humillante derrota francesas en Dien Bien Phú, Vietnam y en 1956 acontecieron la sublevación inspirada por los comunistas en Algeria y la Crisis en el Canal de Suez. Finalmente, el 1 de mayo de 1960 se produjo el derribo sobre territorio soviético del avión espía U-2, tripulado por el piloto de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) Francis Gary Powers, lo que llevó, después del bloqueo de Berlín Occidental ordenado por Stalin en 1948, a un nuevo choque frontal entre la Unión Soviética y los Estados Unidos de América. Ya en otras latitudes, en África en 1960, también se manifestaría el enfrentamiento entre occidente y los comunistas en la Guerra Civil del Congo, donde en 1965 dio sus primeros pasos como guerrillero internacionalista Ernesto Guevara de La Serna. En una referencia anecdótica, pero históricamente rigurosa, mencionamos que el “Che” debió abandonar apresuradamente el Congo (a petición del propio mando insurgente) pues los congoleños que Guevara intentaba entrenar, lo rechazaban y desobedecían, negándose tozudamente los guerrilleros a buscar protección, aun bajo fuego enemigo, en trincheras y zanjas pues esos “huecos en la tierra” eran, según las supersticiones nativas, sitios para el resguardo de almas muertas y no de seres vivos. Ese era el estado de cosas en el mundo cuando John F. Kennedy asumió la presidencia de los Estados Unidos en enero de 1961, sustituyendo al general Dwight D. Eisenhower en el rol de némesis de Nikita S. Khrushchev, quien ya para entonces era amo y señor de la Unión de Republicas Socialistas Soviéticas como consecuencia de haber eliminado a sus enemigos políticos (Beria, Malenkov y Bulganin) en las violentas pugnas de poder que se sucedieron a la muerte de Joseph Stalin en 1953. John Kennedy, al asumir el poder, recibió como herencia de la precedente administración republicana un plan elaborado por la Agencia Central de Inteligencia CIA, cuyo propósito era entrenar militarmente a exiliados cubanos - quienes ya llegaban por cientos a Florida - con el objetivo de ocupar militarmente una pequeña ciudad del sur de Cuba. Esta acción supuestamente estimularía un alzamiento general en la Isla, apoyado por los elementos anti comunistas dentro del Ejercito Rebelde. Pero el plan de la CIA, equivocadamente inspirado en la exitosa operación clandestina que derrocó al izquierdista presidente guatemalteco Jacobo Arbens en 1954, estaba mal concebido, pues Cuba no era Guatemala, ni Fidel Castro era el coronel Arbens. En todo caso, Kennedy, quien no simpatizaba con la operación propuesta por la CIA pues pensaba que la participación norteamericana en el proyecto era “demasiado visible”, estaba políticamente obligado a respaldarla pues debía hacer realidad su beligerante posición anticomunista expuesta de forma reiterada durante la campaña electoral contra Richard Nixon en 1960, la cual lo llevó a la presidencia de su país por el más estrecho margen de diferencia en el voto popular (0.17%) hasta ese momento visto en elección presidencial alguna. Sin embargo, Kennedy, ejerciendo una extrema cautela política, impuso cambios fundamentales al plan original de invasión, limitando las operaciones aéreas de la fuerza expedicionaria y cambiando el sitio de desembarco de la ciudad de Trinidad, ubicada al pie de las montañas de El Escambrai, hacia una zona cenagosa también ubicada en la provincia de Las Villas, conocida como la Ciénaga de Zapata. Así, la invasión de Playa Girón, designada incomprensiblemente con el nombre clave de “Operación Zapata”, estaba destinada al fracaso desde el momento mismo en que el primero de los 1500 hombres que integraban la Brigada de Asalto 2506 desembarcó en suelo cubano el 17 de abril de 1961. Tras tres días intensos y fratricidas combates, los invasores, exhaustos, sin municiones y rodeados por más de 15.000 milicianos, se rindieron, sin que John Kennedy, desoyendo las suplicas de sus asesores militares, hiciere el mas mínimo intento de emprender una operación de rescate de los hombres de la Brigada 2506 quienes habían creído casi religiosamente en las promesas de apoyo norteamericano que se les habían dado desde un principio. Este desastre en política exterior con el que se inauguró Kennedy en la presidencia, fue observado muy de cerca por Nikita Khrushchev, quien, al hacer su personal evaluación sobre lo acontecido en Cuba, llegó a la conclusión que el presidente Kennedy era un inepto al permitir una operación militar como la de Playa Girón, o un indeciso que no tuvo el coraje de llevar a término exitoso una operación militar cuya ejecución había autorizado. La negativa apreciación personal de Kennedy que tenia Khrushchev, fue lo que marcó el tono de la Cumbre de Viena, celebrada corto tiempo después en junio de 1961. En Viena, Khrushchev desafío a John Kennedy, sin respeto al protocolo de estilo, amenazándolo con una guerra e indicándole que la Unión Soviética en un lapso de seis meses, tomaría acciones unilaterales en procura de una solución definitiva al tema de Berlín Occidental. Así, transcurrido poco más de dos meses de la Cumbre de Viena, se dio inicio a la construcción del muro que habría de dividir al pueblo alemán por casi tres décadas. No en balde el presidente Kennedy se refirió a lo sucedido en su reunión con Khrushchev celebrada el 4 de junio de 1961 en Viena como “lo peor que le había pasado en su vida”. La debacle de Playa Girón fue un duro golpe para la credibilidad de la administración Kennedy, y también constituyó, según el entonces Fiscal General Robert Kennedy, una afrenta personal inaceptable al “honor del apellido Kennedy”. Por ello, una vez asimilada la derrota de Playa Girón, el 30 de noviembre de 1961 el Presidente John F. Kennedy autorizó la creación de un programa clandestino destinado a desatar una guerra económica contra Cuba, cuyo fin era el derrocamiento de su gobierno y la eliminación física de Fidel Castro. Esta nueva iniciativa agresiva de la administración Kennedy contra Cuba se denominó “Operación Mangosta” y su supervisión y control se le asignó directamente a Robert Kennedy, quien contó con recursos humanos y económicos ilimitados para la ejecución de la operación. Para tener una idea de la magnitud de las acciones emprendidas contra Cuba al amparo de la Operación Mangosta, podemos señalar que durante los 14 meses de su duración, se efectuaron 716 ataques de comando y sabotaje contra objetivos económicos, agrícolas e industriales de la Isla. Incluso, durante la Crisis de los Misiles se sucedieron acciones de sabotaje y ataques comando contra varias instalaciones estratégicas en Cuba. El último eslabón de la cadena de eventos que nos llevaría al borde de la destrucción nuclear, se evidenció en abril de 1962, con la activación en Turquia por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos de una batería de 15 misiles balísticos Júpiter de alcance medio (MRBM). Estas armas tenían un radio de acción de 2.400 kilómetros, lo que implicaba que la mayoría de los centros poblados más importantes del oeste de la Unión Soviética, así como los de sus satélites de la Europa del Este, estaban al alcance de estos misiles. Peor aún, su emplazamiento en la misma frontera sur de la URSS, implicaba que el tiempo de respuesta de Moscú a un eventual ataque quedaba reducido a tan solo diez minutos desde el momento del lanzamiento del proyectil hasta su impacto en el blanco designado. II LOS ACTORES El drama de octubre de 1962 fue protagonizado por tres actores principales. La historia de vida y formación de cada uno de estos personajes fue instrumental en su actuación durante la Crisis de los Misiles y por ello resultará útil plasmar aquí un breve resumen de la vida de Nikita Sergueivich Khrushchev, de John F. Kennedy y de Fidel Alejandro Castro Ruz. Veamos. Nikita Sergueivich Khrushchev. Nacido en Ucrania, ejerció como comisario político durante la Guerra Civil en Rusia (1918-1921). Bajo la protección del estalinista judío - anti judío - Lázar Kaganovich, Khrushchev escaló posiciones dentro de la nomenclatura del Partido Comunista de la URSS, participando activamente en las sangrientas purgas políticas estalinistas (1932-1936). Durante la Gran Guerra Patriótica (1941-1945), fue comisario político del Ejército Rojo en el Frente Suroeste (Ucrania) y en el Frente de Stalingrado. Entre 1945 y 1953, Khrushchev formó parte del círculo íntimo del dictador Josef Stalin a quien siguió sumisamente hasta la muerte de este en marzo 1953. Para diciembre de ese mismo año, Khrushchev había eliminado a su más peligroso contrincante, Laurenti Beria (jefe de la temida NKVD), haciéndose con el poder absoluto en 1955. Khrushchev estaba convencido que el destino de la URSS era reinar suprema en el mundo de la post guerra y en ello empeño su acción de gobierno. Aunque más liberal que Stalin en lo interno, en política internacional era un manifiesto halcón, quien vio en la debilidad demostrada por John F. Kennedy en la invasión de Playa Girón, a un líder sin coraje y sin fuerza de voluntad para actuar como jefe de una superpotencia. Recordemos la engreída amenaza por Khrushchev proferida en una recepción en la embajada polaca en Moscú el 18 de noviembre de 1956, cuando, refiriéndose a los países capitalistas, dijo “… Aunque les guste o no, la historia está de nuestro lado. Los enterraremos.” Este hombre, el mismo que meses antes en la 902ava Plenaria de la Asamblea General de la ONU golpeo con su zapato el escritorio donde se sentaba en protesta por la anti soviética alocución de un delegado filipino, decidió en la primavera de 1962 equilibrar las fuerzas enfrentadas en la ya caliente Guerra Fría, introduciendo armas nucleares ofensivas a 140 kilómetros de la costa de los Estados Unidos. John F. Kennedy. Vástago de un clan familiar irlandés católico de Boston de cuestionada moral y etica, el enfermizo John F. Kennedy fue lanzado a la arena política por su padre Joseph Kennedy como sustituto de su hermano Joe Kennedy Jr. muerto en agosto de 1944 durante una peligrosa y secreta misión aérea sobre el Canal de la Mancha. El joven John F. Kennedy, quien había recibido la Medalla de la Armada por poner a salvo a su tripulación después que su lancha torpedera (PT-109) resultara destruida al ser embestida por un destructor japonés en la guerra del Pacífico, fue electo senador por Massachusetts en dos periodos, ganando la presidencia contra Richard M. Nixon en noviembre de 1960, en parte gracias a la “ayuda” brindada por Sam Giancana y el sindicato del crimen organizado asentado en el crucial Estado de Illinois. Kennedy, al asumir su nuevo cargo se rodeo de amigos y conocidos de sus años de estudiante en la elitista (para algunos) Universidad de Harvard y trató de darle a su presidencia - utilizando para ello a su esposa Jacqueline - una aura de sofisticación y realce que llevó a algunos ingenuos a comparar la Casa Blanca de Kennedy con la legendaria Camelot del Rey Arturo. A partir del mismo inicio de su presidencia, John F. Kennedy se encontró acosado por los eventos en Cuba y la amenaza soviética sobre Berlín. La falta de decisión con la que Kennedy afrontó estas crisis, dio a Khrushchev la excusa que buscaba para equiparar las cosas con su archienemigo ideológico. Fidel Alejandro Castro Ruz. Este singular hombre llegó al poder en el amanecer de 1959 personificando las ansias de libertad y democracia del pueblo cubano. Sin embargo, esta noble tarea libertaria que lo hubiese podido elevar a la altura de los grandes líderes de la historia, estaba subordinada a su verdadera misión de vida, cual era la de enfrentar y derrotar a los Estados Unidos de América. Fidel buscó establecer a partir de 1960, una alianza estratégica con la Unión Soviética en procura de un aliado y protector poderoso que le permitiese asumir su deseado rol del David de los pueblos desposeídos contra el Goliat norteño. Después del desastre de Playa Girón (lo que afianzó a Castro en el poder), Cuba se vio enfrentada a los ataques ejecutados al amparo de la Operación Mangosta y Fidel aceptó la propuesta rusa de instalar misiles nucleares en Cuba. Su decisión estaba fundamentada en la creencia que la Unión Soviética tenía todo el derecho de ayudar al sostenimiento de la revolución cubana, con los medios que fueren, y que Cuba estaba vitalmente obligada a defenderse de los ataques norteamericanos, con el agregado que Castro insistió que el despliegue de las armas estratégicas soviéticas en Cuba no debía hacerse en secreto, sino abiertamente y a los ojos del mundo, pues Cuba y la Unión Soviética estaban ejerciendo el legitimo y moral derecho de defender el socialismo proletario de las agresiones imperialistas. Por ello, Fidel le insistió razonadamente a Khrushchev que introducir y desplegar las armas ofensivas en Cuba de forma encubierta y al amparo de la vieja práctica soviética de la maskirovka, era un error estratégico que habría de lamentarse. El convencimiento absoluto de Fidel Castro sobre la justeza de proteger a Cuba con todos los medios posibles y su solicitud a Khrushchev de lanzar un ataque nuclear preventivo contra los Estados Unidos, sin importar las consecuencias para Cuba, nos indica que este hombre estaba dispuesto a aceptar la inmolación de su pueblo con tal que su más caro propósito existencial, la destrucción de los Estados Unidos, se hiciese una realidad. III ANTESALA A LA CRISIS A finales de abril de 1962, Khruschev, mientras vacacionaba en Crimea, reflexionó sobre los misiles Júpiter desplegados al otro lado del Mar Negro en Turquia y llegó a la idea de instalar equivalentes misiles balísticos soviéticos en Cuba. A su juicio, tal acción, vista por Khrushchev como un justo quid pro quo, se fundamentaba en: i) la presencia de los misiles Júpiter en Turquía; ii) la posibilidad, cada vez más real, de una acción militar directa de los Estados Unidos contra Cuba, y iii) la oportunidad de neutralizar el efecto geoestratégico que implicaba que, mientras los Estados Unidos podían instalar armas ofensivas en el mismo perímetro soviético, la URSS no podía reciprocar con acciones similares. A su regreso a Moscú, Khrushchev consultó sobre su idea de instalar misiles estratégicos de alcance medio e intermedio en Cuba con sus más cercanos colaboradores en el Politburó y con los mariscales Malinovsky, ministro de la defensa y Sergei Biryuzov, comandante de la Fuerza Estratégica Misilistica. Durante todo el mes de mayo de 1962, las reuniones y evaluaciones continuaron en Moscú y en La Habana, hasta que el 30 de mayo de 1962, previa consulta con su hermano Raúl, con el Che Guevara, con el presidente Oswaldo Dorticos y con Ramiro Valdez, el ministro del interior, Fidel Castro dio el sí fatídico a la proposición soviética, justificándose no solo en la idea que estas armas serian un freno a la agresión militar norteamericana, sino también en su creencia que con los misiles en Cuba se lograría un desplazamiento de la correlación de fuerza a favor del campo socialista y además, ello sería una forma de reciprocar el apoyo dado por los soviético a la revolución cubana. En junio de 1962, funcionarios militares rusos fueron ordenados por Khrushchev a planificar y decidir sobre el alcance cuantitativo y cualitativo del despliegue de armamentos en Cuba. La propuesta presentada por los técnicos militares soviéticos incluiría los siguientes elementos: 24 lanzamisiles de alcance medio (MRBM) y 16 de alcance intermedio (IRBM), cargados con dos misiles y una cabeza nuclear cada uno; 24 baterías avanzadas de misiles tierra aire SA-2 (SAM); 42 interceptores Mig-21; 42 bombarderos IL-28; 12 lanchas misilisticas de la clase KOMAR y misiles cruceros tácticos (con capacidad nuclear) para la defensa costera del tipo FKR-1. El despliegue también incluiría cuatro regimientos de elite y una división de infantería mecanizada y otro personal militar de apoyo, totalizando una fuerza de 40,000 hombres. Una vez resueltos los aspectos técnicos y políticos del proyecto, en el verano de 1962, bajo el nombre de Operación Anadir, comenzó en el más absoluto secreto y bajo la práctica rusa de decepción, engaño y desinformación o maskirovka, el traslado a Cuba de armamento defensivo y ofensivo y el despliegue del contingente militar con los que Cuba y la URSS podían disuadir, o en el peor caso enfrentar, cualquier ataque militar norteamericano a la Isla. Si bien es cierto que los Estados Unidos venían evaluando información sobre la presencia soviética en Cuba, basándose fundamentalmente en la información recibida de los miles de cubanos que seguían llegando a Florida semanalmente y en la evaluación del volumen de tráfico marítimo soviético hacia Cuba a través del Mar Báltico y El Estrecho del Bósforo, no fue sino hasta junio de 1962 cuando la inteligencia norteamericana incrementó sus vuelos de espionajes aéreos sobre Cuba. Ya para el 10 agosto de 1962, John McCone, director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), en una reunión de alto nivel que incluía a Bobby Kennedy, a Dean Rusk, secretario de estado y al Jefe del Estado Mayor Conjunto, el General Maxwel Taylor, expresó su seria preocupación que los soviéticos estuviesen desplegando armas ofensivas en Cuba. A mediado del mes de agosto, fuentes de inteligencia en Cuba, reportaban el avistamiento de misiles en la Isla, lo que fue evaluado por los expertos como misiles tierra aire SA-2. El presidente Kennedy fue informado de esta novedad el 22 de agosto de 1962. El 29 de agosto, las fotos aéreas tomadas por aviones U-2 confirmaron la existencia y emplazamientos en la zona nororiental de Cuba de sofisticados sistemas de misiles tierra aire (SAM) y la presencia en el puerto del Mariel de 7 patrulleros porta misiles del tipo KOMAR. Sin embargo, lo más significativo evidenciado del material fotográfico tomado por los vuelos de reconocimiento efectuados ese día, fue la presencia en las cercanías de Banes, población ubicada en la costa nororiental de Cuba, de plataformas de lanzamiento de misiles crucero de corto alcance del tipo FKR-1, capases de transportar cabezas nucleares. Estos misiles podían ser lanzados contra una flota invasora, un desembarco anfibio de tropas o, en un escenario de guerra, contra la Base Naval de Guantánamo. Este descubrimiento fue lo que activó todas las alarmas en el gobierno norteamericano y lo alertó que algo muy serio y peligroso estaba aconteciendo en Cuba. A partir de entonces se intensificaron las misiones de reconocimiento con aviones U-2 y los Jefes del Estado Mayor Conjunto en el Pentágono, comenzaron a reactivar y actualizar los planes para una intervención militar masiva en Cuba. El 4 de septiembre de 1962, se reunió el presidente Kennedy con su hermano Robert y con los secretarios de estado y de defensa para analizar las evidencias sobre el despliegue de armas ofensivas en Cuba. Ese día contactaron al embajador soviético Anatoly Dobrynin, quien les aseguró que en cuba “…no había armas ofensivas del tipo tierra a tierra.” El 7 de septiembre, el Comando Aéreo Táctico inicio la planificación de ataques aéreos contra Cuba. El 15 de septiembre de 1962, llegaron al puerto de Mariel los primeros misiles de alcance medio (MRBM) que estaban destinados a ser instalados en la población de San Cristóbal. El 20 de septiembre, el Senado de los Estados Unidos aprobó una Resolución que autorizó el uso de fuerza contra Cuba para impedir que la Isla se convirtiese en una amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos. Al día siguiente, el ministro de relaciones exteriores soviético Andrei Gromyko, en un discurso en las Naciones Unidas, vociferó que “Cualquier ataque contra Cuba conllevará a una declaración de guerra por parte de la URSS.” Para finalizar septiembre, el día 28 se detectó a bordo del buque soviético Kasimov la presencia de bombarderos del tipo IL-28. Las misiones de reconocimiento aéreo efectuadas los días 5 y 7 de octubre de 1962 en la parte oriental de Isla, con recorrido de este a oeste, detectaron 5 bases de lanzamiento de misiles tierra aire SA-2. Sin embargo, los vuelos de reconocimiento con recorrido sur a norte previstos para la zona occidental de Cuba y programados para los días 10, 11, 12, y 13 de octubre, no se llevaron a cabo debido a malas condiciones meteorológicas. El 12 de octubre, en uno de sus largos y provocadores discursos que debió haber puesto a los soviéticos de cabeza por lo imprudente del mismo, Fidel Castro le anuncio al mundo “…Tenemos muchas armas. Sí, muchas armas, muchas y poderosas armas. La seguridad de la Patria se ha incrementado; porque ya la Patria no estará indefensa; porque el hecho es que la Patria será fuerte; porque el hecho es que la Patria con la ayuda y apoyo de sus hermanos socialistas, puede responder a los ataques imperialistas…” Ese mismo día, el control operacional de los vuelos espías sobre Cuba, fue transferido de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) a los Jefes del Estado Mayor Conjunto y al Comando Aéreo Estratégico de los Estados Unidos. A las 11:30 P.M. del 13 de octubre de 1962, el mayor Richard S. Hyser de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, despegó en un avión U-2F desde la Base Aérea Edwards, emplazada en el desierto californiano, iniciando la misión fotográfica No. G-3101, nombre código “Víctor”. Una vez alcanzada la pre fijada altitud de crucero de 70.000 pies, el mayor Heyser puso rumbo a Cuba, ingresando a su territorio por La Isla de Pinos en el suroeste de Cuba a las 7:31 A.M. del 14 de octubre de 1962. El vuelo de reconocimiento que atravesaría Cuba de sur a norte apenas duró 12 minutos y cuando el avión U-2F del mayor Hyser aterrizó en la Base Aérea McCoy en Orlando, Florida, le fueron removidos los dos royos de película expuesta sobre Cuba, enviándolos de inmediato al Centro Naval de Inteligencia Fotográfica en Maryland y de allí al Centro Nacional de Interpretación Fotográfica en Washington D.C. A partir de ese momento, se inicio la cuenta regresiva para el inicio de los fatídicos trece días que llevarían al mundo al borde de su destrucción. IV LA CRISIS El lunes 15 de octubre de 1962 amaneció con un agradable día otoñal en Washington D.C. Los técnicos que trabajaban en el Centro Nacional de Interpretación Fotográfica, arribaron a su cotidiano sitio de trabajo ubicado en un anónimo edificio en la Calle K, en el noroeste de la capital americana, llevando en bolsas de papel sus almuerzos del día y portando los consabidos cafés matutinos, adquiridos en el dinner que funcionaba al frente del edificio. Tan pronto como les fueron entregadas las ya procesadas fotografías tomadas por el Mayor Hyser el día anterior sobre Cuba, los técnicos iniciaron su análisis y pronto encontraron una “anomalía” - la cual no se evidenciaba de las fotos tomadas días antes - detectada en una zona a 60 kilómetros al oeste-suroeste de la Habana, cerca de un poblado llamado Los Palacios, en la entonces occidental Provincia de Pinar del Rio. Esta anomalía se manifestaba por la presencia de seis objetos cubiertos con lona, rodeados de 11 camiones, 15 tiendas de campaña y otros 28 vehículos adicionales, esparcidos por las inmediaciones de la zona. Lo que más intrigó a los analistas fotográficos era la inusual longitud de los seis objetos cubiertos, que median entre 65 y 70 pies de largo. Cuando se procedió a fijar las coordenadas exactas de ubicación de esta instalación militar para eventuales ataques aéreos, se detectaron otros dos sitios cercanos, en los poblados de San Diego de los Baños y San Cristóbal, donde se identificaron cuatro grandes objetos y otros equipos de apoyo logístico que resultaron ser plataformas de lanzamiento verticales de misiles estratégicos. Después de una larga vigilia interpretativa que duró hasta la madrugada del 16 de octubre, se llegó a la insoslayable conclusión que en Cuba se habían instalado misiles tácticos nucleares del tipo SS-4 de alcance medio (MRBM) y se estaba en un acelerado proceso de construcción de otras dos bases de misiles estratégicos de alcance intermedio (IRBM) del tipo SS-5. Para el fin de la mañana del 16 de octubre de 1962, el Pentágono, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la Casa Blanca, ya habían sido informados que su peor pesadilla se había convertido en una realidad, pues existían misiles soviéticos a tan solo 140 kilómetros del territorio de los Estados Unidos, con capacidad de destruir todas la ciudades y blancos vitales en la casi totalidad del territorio continental norteamericano y de alcanzar tan al sur como la zona occidental de Venezuela ¡La Crisis de los Misiles de Cuba había comenzado! 17 de octubre de 1962. Se efectuaron seis vuelos de reconocimiento con aviones U-2F, abarcándose en esta ocasión todo el territorio isleño, de este a oeste y de norte a sur, lo que implico una impresionante cobertura de casi 100,000 Km2. Las fotos tomadas el día 17 de octubre fueron analizadas por los expertos al siguiente día, encontrándose más sorpresas desagradables, pues se detectaron cuatro bases de lanzamiento de misiles de alcance medio (MRBM) en San Cristóbal y dos bases adicionales en Sagua La Grande, cada una con ocho misiles SS-4. No se evidencio actividad operativa en los sitios de lanzamiento en construcción de misiles de alcance intermedio (IRBM) del tipo SS-5, los cuales habían sido detectados en los sobrevuelos previos. 18 de octubre de 1962. Continuaron en el Pentágono y la Casa Blanca las evaluaciones sobre cuales medidas militares debían tomarse, discutiéndose la posibilidad de ataques aéreos masivos a los sitios de emplazamiento de armas defensivas y ofensivas en Cuba, así como a sus bases aéreas y navales, seguidos por una invasión anfibia y aerotransportada con el empleo de 150.000 efectivos que estaban siendo desplazados a puntos de embarque ubicados en el sur este de los Estados Unidos. Sin embargo, el criterio que privó en el denominado Comité Ejecutivo (ExComm) creado por el presidente Kennedy para el manejo de la Crisis, fue la instauración de un bloqueo naval (más tarde denominado eufemísticamente “cuarentena”) el cual estaba dirigido a interceptar todo buque con rumbo a Cuba que no llevase carga humanitaria de carácter no estratégico. Ese mismo día, se produjo en la Oficina Oval de la Casa Blanca la famosa reunión entre el presidente Kennedy y el canciller soviético Andrei Gromyko, quien, en forma cínica y sin saber que ya se había descubierto el despliegue de misiles tácticos y estratégicos en Cuba, le reiteró al presidente norteamericano que, “… la asistencia militar soviética tenia el propósito exclusivo de contribuir a la capacidad defensiva de Cuba”. 20 de octubre de 1962. Se emitió un nuevo Estimado Nacional Especial de Inteligencia (SNIE) identificado con el No. 11-19-62, en el que se describía en los siguientes términos el estatus operativo del armamento estratégico desplegado en Cuba: 16 plataformas operativas de lanzamiento de misiles SS-4 (MRBM), capaces de ser disparados en un lapso de ocho horas desde el momento que se diese la orden de lanzamiento. Otros armamentos soviéticos en Cuba descritos en ese Estimado de Inteligencia incluían: i) 22 bombarderos ligeros IL-28; ii) 39 aviones de combate Mig 21; iii) 62 aviones de combate de varios tipos; iv) 24 baterías de misiles tierra-aire SA-2; v) tres baterías de misiles crucero para defensa costera FKR-1, y vi) 12 patrulleras del tipo KOMAR equipadas con misiles del tipo Luna 21 de octubre d 1962. Varios importantes diarios norteamericanos descubren que hay una grave crisis en desarrollo con relación a Cuba. El Presidente Kennedy pidió a los editores del New York Times, del Washington Post y del New York Herald Tribune que no publicasen noticia alguna sobre el tema de Cuba hasta su alocución en cadena nacional fijada para el siguiente día. 22 de octubre de 1962. Se autorizó al Departamento de Estado para informar a los jefes de estado de países aliados acerca de la crisis en desarrollo y se puso en alerta a toda la fuerza militar, misilistica y naval de los Estados Unidos a nivel mundial, estableciéndose la Condición de Defensa 3 (DEFCON 3). Pero lo más .trascendente de ese día 22 de octubre de 1962, fue que a las 7 P.M., en una alocución televisada a la nación de 17 minutos de duración, el Presidente John F. Kennedy informó a los norteamericanos de la existencia en Cuba de misiles estratégico de alcance medio e intermedio y de bombarderos con capacidad nuclear. En ese recordado discurso, aparte de anunciar el inicio de la cuarentena naval a Cuba, Kennedy dejó claro las consecuencias que tendría para la URSS el uso de armas ofensivas desde Cuba, cuando dijo en forma tajante “…los Estados Unidos consideraran todo misil nuclear lanzado desde Cuba contra cualquier país del hemisferio occidental, como un ataque de la Unión Soviética a los Estados Unidos, que conllevará a una retaliación total contra la Unión Soviética” 23 de octubre de 1962. Mientras Khrushchev le escribía a Kennedy que los armamentos en Cuba, independientemente de su clasificación, solo tenían por finalidad la defensa de Cuba, ese mismo día, Fidel Castro anunciaba la alarma general de combate y ponía en pie de guerra a 270,000 efectivos militares. En la Casa Blanca se oficializó la cuarentena naval contra Cuba en un radio de 500 millas náuticas alrededor de la Isla, y comenzaron los sobre vuelos de reconocimiento a baja altura sobre Cuba. La Organización de Estados Americanos (OEA) adoptó ese día una inusual resolución en la que se le dio apoyo a la cuarentena naval implementada por los Estados Unidos alrededor de Cuba. Solo se abstuvo Uruguay al momento de votar la resolución. 24 de octubre de 1962. Los barcos soviéticos en el Atlántico con destino a Cuba, aminoran su velocidad, se detienen o cambian de rumbo. Se notificó a los embajadores norteamericanos en Turquía y en la OTAN que la Casa Blanca estaba considerando el desmantelamiento de los misiles Júpiter en Turquía, a cambio de la retirada de los misiles soviéticos en Cuba. El Comando Aéreo Estratégico asumió por primera vez en la historia la Condición de Defensa 2 (DefCon 2) 25 de octubre de 1962. El tanquero Bucarest fue interceptado y revisado por la armada norteamericana en la línea de cuarentena y se le permitió continuar hacia Cuba al comprobarse que no llevaba carga prohibida. Ese mismo día, en la reunión de la ExComm, se informó que varios misiles de alcance medio (MRBM) estaban ya operativos. 26 de octubre de 1962. Kennedy recibe una comunicación de su embajador en Turquía donde le informa que las fuerza armadas turcas no veían con buenos ojos el retiro de los misiles Júpiter de Turquía. Llegó otra carta de Khrushchev en la cual se planteaba por primera vez que los Estados Unidos se comprometiesen a no invadir Cuba ni permitir que otras fuerzas con el apoyo norteamericano atacasen la Isla. Ese día, los sobrevuelos a baja altura de aviones norteamericanos descubrieron nuevas instalaciones misilísticas y militares. 27 de octubre de 1962. “Llegamos muy cerca (de la guerra nuclear). Mucho más cerca de lo que supusimos entonces” Robert S McNamara, secretario de la defensa durante la Crisis de los Misiles de Cuba. Ese fatídico día 27 de octubre, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) reportó que tres de las cuatro bases de misiles en San Cristóbal y las dos ubicadas en Sagua La Grande estaban totalmente operativas. El avión U-2 piloteado por el Mayor Rudolf Anderson es derribado por misiles SAM-2, por orden del mando antiaéreo soviético presionado por Fidel. Coincidente con el derribo del U-2 del mayor Anderson, el capitán de la armada soviética Vasili Arkhipov, jefe de la flotilla de los cuatro submarinos diesel de la Clase Foxtrot que estaban en posición de ataque en la zona de cuarentena, instó al capitán del submarino soviético B-59 no disparar sus torpedos nucleares contra las unidades navales norteamericanas, logrando convencerlo de emerger a la superficie para establecer comunicación con Moscú y verificar si la guerra había efectivamente comenzado. Kennedy decidió no responder de inmediato al derribo del avión U-2 y envió a Khrushchev una comunicación en la cual le informaba su disposición de no invadir Cuba y aceptar el retiro de los misiles Júpiter de Turquía. 28 de octubre de 1962. A las 06 horas de la mañana, la CIA reportó que existían 24 sitios de lanzamiento de misiles de alcance medio (MRBM), totalmente operativos. A las 9 A.M. hora local de Washington, Radio Moscú anunció en transmisión abierta que se había dado la orden de desmantelar y retirar los misiles estratégicos de Cuba así como las demás armas ofensivas (bombarderos IL-28 y las lanchas misilisticas KOMAR). Los Estados Unidos aceptaron la oferta soviética y la Crisis de los Misiles de Cuba llegó a su fin. V ANÁLISIS DE LA CRISIS La Crisis de los Misiles de Cuba fue el resultado de las acciones de hombres que actuaron de forma irresoluta, irresponsable y criminal. En efecto, cuando John F. Kennedy tomó la decisión de limitar el apoyo aéreo a la Brigada 2506, condeno al fracaso la Operación Zapata. De haber actuado Kennedy en abril de 1961 en Cuba conforme lo planeado, no habría sido necesaria la creación y ejecución de la Operación Mangosta y probablemente su presidencia no hubiese terminado trágicamente en Dallas, Texas, el 22 de noviembre de 1963. Por otro lado, su inexperiencia como Comandante en Jefe, lo llevo a permitir el despliegue de los misiles Júpiter en Turquía en abril de 1962, pese a que estas armas ofensivas ya eran entonces obsoletas, pues su misión estratégica principal había sido asumida por los misiles de la Clase Polaris, cuya plataforma de lanzamiento eran submarinos nucleares. Estos errores de John Kennedy llevaron a la mente de Nikita Khrushchev que había llegado el momento de equiparar las cosas desde el punto de vista geoestratégico y por ello procedió a desplegar armas ofensivas en Cuba, sin incorporar a su ecuación mental la posibilidad real de tener que usarlas contra un adversario que tenía una ventaja cuantitativa de 10 a 1 en misiles tierra a tierra y una flota de submarinos con misiles balísticos capaces de alcanzar cualquier blanco en la Unión Soviética, pues según dijo Serguéi Khrushchev, hijo del líder soviético, “… la verdad era, que nunca estuvo en los planes de Moscú atacar a los Estados Unidos desde Cuba” Irónicamente, de los actores principales del drama de octubre de 1962, el único que actuó con coherencia y lógica, fue Fidel Castro. En efecto, Fidel sabía que su única posibilidad de sobrevivencia frente a la inevitable agresión norteamericana, estaba en lograr involucrar a la Unión Soviética en la protección de la revolución, y mientras más firme y contundente resultase esa protección, mucho mejor. Esa fue la lógica que llevó a Fidel a aceptar el despliegue de armas ofensiva en su territorio y exigirle a Khrushchev que ello se hiciese de forma abierta y a la vista de todos. Lamentablemente para el líder cubano, los soviéticos decidieron actuar con engaño, desinformación y ocultamiento, lo que ocasionó que cuando la Operación Anadir fue puesta en evidencia por el presidente Kennedy el 22 de octubre de 1962, el mundo entero expresara su rechazo y exigiera el retiro de las armas ofensivas de Cuba. Ante lo previsible del retiro de las armas ofensivas soviéticas y de las unidades militares de combate de Cuba, Fidel presionó a la defensa aérea (comandada por oficiales soviéticos) para derribar los aviones de reconocimiento que violaban su territorio, sin importarle en lo más mínimo que la orden de Moscú era la de no disparar contra aeronaves desarmadas. De esa forma, el 27 de octubre se produjo el derribo del U-2 piloteado por el mayor Anderson, aumentándose la posibilidad de acciones militares al máximo. Afortunadamente, el ExComm decidió no responder militarmente de inmediato ante el derribo del U-2, dando tiempo suficiente para que al día siguiente, el 28 de octubre, Khrushchev anunciara el retiro de las armas ofensivas de Cuba. En una de las pocas notas positivas de esta historia, no es alejado la verdad decir que el responsable que no estállese la tercera guerra mundial el 27 de octubre de 1962, fue aquel marino soviético llamado Vasili Arkhipov, héroe anónimo quien convenció al capitán del submarino soviético B-59 de no disparar sus torpedos nucleares contra las unidades navales norteamericanas que enforzaban la cuarentena contra Cuba, sin verificar primero con Moscú. VI SECUELAS DE LA CRISIS La Crisis de los Misiles de Cuba proyectó, en las primeras de cambio, la falsa percepción que el presidente Kennedy había salido airoso de ese peligroso trance, con su reputación como líder del mundo libre reforzada. Pero en realidad no fue así, pues su promesa de no tomar acciones militares contra Cuba ni de permitir a otros ejecutarlas desde territorio norteamericano y su aceptación de retirar los misiles Júpiter de Turquía (por muy obsoleto que fuesen), satisfizo todos los temas en los que Khrushchev había originalmente basado su decisión de instalar armas ofensivas en Cuba. Cabe destacar que no obstante el compromiso de no invadir Cuba, los ataques ejecutados al amparo de la Operación Mangosta continuaron sucediéndose, hasta que el presidente Lyndon B. Johnson los suspendió tan pronto asumió la presidencia en noviembre de 1963. Como nota personal, debo agregar que siempre he pensado que la Operación Mangosta, en su propósito de eliminar físicamente a Fidel Castro, fue el primer acto de un drama que culminó en Dallas, Texas, el 22 de noviembre de 1963 con el asesinato de John F. Kennedy. En relación a Nikita Khrushchev, este fue injustamente tildado como el perdedor de la confrontación con los Estados Unidos, pues a primera vista fue la URSS la que fue obligada a dar marcha atrás y retirar las armas ofensivas de Cuba, lo que sirvió como escusa para que tan solo dos años después, el 14 de octubre de 1964, Khrushchev fuese defenestrado de todos sus cargos y sustituido por Leonid Bréshnev. Afortunadamente para Khrushchev, su salida del poder no implicó su partida de esta vida como era la costumbre entre los bolcheviques, pues se le permitió retirarse tranquilamente a su dacha campestre a escribir sus memorias, hasta su muerte en Moscú de causas naturales el 11 de abril de 1971. Pero si nos basamos en la objetividad histórica, Khrushchev no debe ser catalogado como el perdedor en la Crisis, en virtud que todas sus demandas fueron cumplidas por la administración Kennedy, pues, como sabemos, los Estados Unidos asumió el compromiso de no atacar la Isla y se desmantelaron los misiles Júpiter en Turquía, logrando así la Unión Soviética eliminar la desventaja geoestratégica que implicaba tener misiles balísticos enemigos emplazados en su misma frontera sur. La muy cubana consigna de “Nikita Mariquita, lo que se da no se quita”, vociferada en las concentraciones oficiales en toda Cuba con posterioridad al acuerdo Kennedy-Khrushchev, nos dice a las claras cual fue el papel de Fidel Castro en la resolución de la Crisis. Dicen los entendidos que cuando Khrushchev recibió la carta de Fidel pidiéndole que lanzara un ataque nuclear preventivo contra los Estados Unidos, “… sin importar las consecuencias para Cuba…”, este se dio cuenta del error que había cometido al instalar armas ofensivas en la Isla. En todo caso, Fidel Castro no fue tomado en cuenta a la hora de decidir el retiro de los cohetes y demás armas ofensivas de Cuba, al punto que el Comandante en Jefe, vociferando cuanto improperio existía en su léxico contra Khrushchev y los rusos, se negó por más de treinta día a permitir el retiro de las armas de territorio cubano. Aun así, es obvio que el único beneficiado por la Crisis de los Misiles fue Fidel pues este hombre, como consecuencia de los acuerdos entre las dos superpotencia, se ha mantenido en el poder hasta nuestros días, asumiendo con posterioridad a la Crisis un rol mucho más activo y protagónico en el escenario mundial del que tenía antes de octubre de 1962. Después de la Crisis de los Misiles, las relaciones entre la Unión Soviética (hoy La Federación Rusa) y los Estados Unidos evolucionaron en forma positiva, aun cuando tuvieron sus altibajos, tal y como ocurrió con la invasión soviética a Checoeslovaquia en 1968; con la Guerra del Yom Kipur (1973) cuando, ante la amenaza de intervención soviética directa para salvar al Tercer Ejercito Egipcio rodeado por tropas Israelíes en el Sinaí, los Estados Unidos pusieron a sus fuerzas nucleares en Condición de Defensa 3 (DefCon 3), y, finalmente, con la invasión a Afganistán en 1979, lo que llevó al presidente Jimmy Carter a responder la agresión soviética de forma “enérgica”, boicoteando los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980. En fin de cuentas, ya hoy no existe la Unión Soviética, aun cuando Vladimir Putin anda tentando al destino al manifestar su intención de instalar cohetes nucleares en Crimea; Cuba restableció relaciones diplomáticas con los Estados Unidos el pasado 20 de julio y busca una “invasión” de inversionista gringos, y los Estados Unidos y Rusia actuaron como socios para lograr evitar (eso deseamos todos) el ingreso de Irán al “Club Nuclear”. Esperemos entonces no volver a incurrir en los errores de octubre de 1962, pues no estoy tan seguro que la suerte nos vuelva a sonreír nuevamente como en aquella ocasión. Caracas, 26 de julio de 2015 Una EXCELENTE COLABORACION de MEMORIA HISTORICA elaborada por nuestro colaborador el abogado Don Ernesto Estévez León.